el anciano que no se mueve

Llevaba días sin moverse del lugar. Pasaban los minutos, las horas y los días; no había forma de mover a ese hombre de allí. Santiago lucía espantosa y maloliente, con aires contaminados y sucios. La gente caminaba como si nada estuviera sucediendo, la ciudad parecía venirse abajo pronto y todos ellos no hacían nada. En cambio este hombre aparente de unos sesenta años protestaba sentado de cuclillas en la calle.

- Señor, usted no debería estar aquí. No se le ve para nada bien.
- ¡Cállese señora idiota! – el anciano responde sin ni siquiera mirar a la señora gorda.
- ¿Qué fue lo que usted me dijo?
- Usted es idiota, ¿acaso no se da cuenta que nuestra ciudad se está quedando sin aire?
- Claro que lo sé, pero no por eso me quedo tirada en la calle como una indigente – replica la señora.
- ¿Y qué es lo que espera señora?... – el hombre tose varias veces – Yo me estoy muriendo de bronconeumonía.
- Yo no puedo hacer nada querido, es una lástima. Bueno mire, debo llegar a mi trabajo antes de las nueve – la señora toma sus cosas.
- Espere. Cuéntele a sus compañeros de trabajo de lo que acaba de suceder en esta conversación.
- ¿Por qué habría de hacerlo?
- Le suplico.

La señora se marchó asintiendo con la cabeza, al fin de cuentas el anciano parecía ser un pobre loco que pretendía cambiar el mundo sentado de cuclillas en una calle fría con aires contaminados y sucios. La gente le restaría importancia.


Santiago, la capital de Chile, es una de las ciudades más contaminadas del mundo. Literalmente se está quedando sin aire. Hace diez años se preocuparon por el futuro de la ciudad, pero… a pesar de haber lanzado un Plan de Prevención y de Descontaminación Atmosférica para la Región Metropolitana, no ha pasado nada, las metas no se cumplieron.

Seis millones de personas viven en Santiago bajo la amenaza constante de
enfermedades, ya que la polución que se registra allí supera ampliamente los estándares tolerables.